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Hola a todos,  

 

Ya me imaginaba yo durante la espera que tendría que viajar sola a por la niña. Tenemos dos hijas más de 4 y 6 años, y nunca se habían separado de nosotros, ni una sola noche. No nos podíamos ir los dos, mi marido y yo, a China tranquilos pensando en que las niñas iban a estar sufriendo durante nuestra ausencia. Así que llegado el momento, y en vista de que mi hermana gemela (a la única a la que se las dejaríamos) no se podía quedar con ellas, sacamos sólo mi visado y mi billete.

 

El día 1 de diciembre salimos de Madrid rumbo a Pekín, en el aeropuerto conocí algunos amigos que había hecho a través de las listas de AFAC. Comenzaba de la mejor manera la aventura más maravillosa que he vivido.

 

El viaje se me hizo corto, y eso que no dormí nada. Me gusta leer y me llevé un libro de Amy Tan para entrar en ambiente. Era un vuelo repleto de futuros papás y mamás. De mi grupo (Andeni- Jiangxi) éramos 24 familias, pero había además otro grupo de Andeni de otras provincias, y otro de Aci. Prácticamente llenábamos el avión, todos sacando las fotos de nuestras niñas, enseñándolas orgullosos. No sé cuántas horas fueron (entre el cansancio y el cambio horario) sin fumar, pero hasta eso lo llevé bien.

Yo iba sentada al lado de un chico chino, muy simpático, y entre su mal inglés y el mío peor, nos entendíamos perfectamente. Lo malo fue cuando me contó que trabajaba para la Policía del Gobierno, y me dije yo: “a ver cómo mango yo ahora la manta del avión” que me hacía falta, jejejeje

 

Cuando llegamos a Pekín, todavía teníamos 5 horas en el aeropuerto hasta nuestro vuelo a Nanchang, pero eso también pasó volando, entre que cambiamos euros a yuanes (en dólares sólo hace falta que llevéis 4.000 dólares, no cambiéis más, que perdéis dinero con los cambios, y el cambio del euro al yuan funciona perfectamente en China), en pagar a la Agencia de la Mujer, en facturar el equipaje... Creo que no pude sentarme ni un momento, ni para beber el botellín de agua que compré allí a 600 Ptas. (ni se os ocurra comprar nada en el aeropuerto)

 

El vuelo de Pekín a Nanchang dura 2 horas, y se te hace corto después del palizón anterior. Lo único malo es que te dan la comida más horrorosa que yo haya probado en mi vida, aunque como tenía hambre me la comí. Del aeropuerto al hotel Jin Feng media hora más, que también pasó volando. Llegamos al hotel y nos dicen las guías (Felisa y Adela) que nos van a subir los botones las maletas y que en una hora y media vayamos al salón de la segunda planta donde nos entregarán las niñas... 

 

Pero las maletas no llegaban, yo dando vueltas por la habitación, llamando a los compañeros a ver, pero tampoco a ellos se las subían. Total, que cuando quedaba sólo media hora decidimos los de mi pasillo que bajaríamos nosotros al hall a por ellas, y es que no nos habíamos podido ni duchar. En el ascensor al bajar nos dice Fernando (un papá de Gijón que ya era repetidor): “Estad preparados, porque por la hora que es igual ya hay niñas en el hall”. Así era, había dos bebés. A mí me pareció que una de ellas era la mía, pero pensé que en esos momentos cualquier niña me iba a parecer la mía, pero no podía dejar de mirarla. Cogimos las maletas y subimos... sólo quedaban 20 minutos, pero yo ya ni me duché, no podía, sólo quedaban 20 minutos. Cogí un osito de peluche y bajé a la segunda planta, todos hicieron lo mismo.

 

Nunca se me olvidará lo que vi: 24 niñas en brazos de sus cuidadoras y directores de orfanato sentados en fila, la mayoría llorando. Los padres y madres buscando su niña con la mirada. La primera de todas estaba en brazos de un señor, y era la misma que vimos minutos antes en el hall. Era muy pequeña y no podía ser la mía, que ya casi tenía 11 meses. Esta parecía que tenía sólo 6 meses, y en el informe que me mandaron con la asignación, mi niña tenía muy buena talla. Así que seguí adelante a buscarla, miraba y miraba y no veía nada. Alguien a mi lado me preguntó: “¿Ves a la tuya?” No recuerdo ni quién era. Yo respondí: “Creo que es aquella” señalando a la primera, que era tan chiquitina. En ese momento fui hacia ella, la cabeza me decía que no era ella, por el tamaño, era tan chiquitina... Pero el corazón me decía que si, es que era la carita de la foto que me había aprendido de memoria.

Le pregunté al señor, que resultó ser el director del orfanato, y me dijo: “Jin Fu Xuan”. Me puse a llorar y le dije con gestos que yo era la mamá de Jin Fu Xuan. El señor, supercariñoso, me la puso en brazos y nos hizo un montón de fotos a las dos llorando como magdalenas.

 

Inés Fu está ahora a mi lado y ya no quiere estar más en la sillita, quiere estar en brazos de mamá.

 

Me acababan de entregar a mi hija, yo todavía estaba sorprendida de lo pequeña que era, evidentemente el informe que me enviaron con la asignación estaba mal (no era el único, ya que su hoja de vacunaciones estaba firmada antes de que naciera) .

 

Yo iba preparada a todas las reacciones posibles de la niña, a que me aceptase inmediatamente, a que no me quisiera ni ver, a pataletas... pero no a la inmensa pena de mi niña ese primer día. La desnudé despacito, la bañé y no lloraba (a partir de ese día lloraba con ganas en el baño), sólo hacía con su vocecita: “mi, mi...” Estaba tan triste mi niña, que por un momento pensé que qué derecho tenía yo a apartarla de lo que ella consideraba su familia, y de su país. Fue un momento muy triste. Inés Fu había estado viviendo con una familia de acogida hasta el momento de entregármela, y viendo lo cariñosa, alegre y despierta que es, se ve que la han querido y tratado bien.

 

Le preparé un biberón, pero no sabía beber con él, menos mal que también llevaba un vaso de esos que tienen una boquilla para chupar, y con él bebió un poquito de leche ese primer día. La acosté y se durmió inmediatamente. Después de tantas horas sin dormir, yo también me dormí pronto, aunque a mitad de la noche, sobre las 3 de la madrugada de allí, todos los del grupo nos despertamos y no conseguimos volver a dormirnos, cosas del cambio horario.

 

Cuando se despertó Inés Fu ya no estaba triste, o por lo menos aparentemente. Ella me miraba de reojo, me observaba todo lo que hacía, y si yo la miraba apartaba la vista. Yo le hablaba despacito y muy suave, la acariciaba, pero sin agobiarla, la dejaba tranquila. Ya que el biberón no sabía utilizarlo, decidí darle una papilla con cuchara, y aunque tampoco sabía lo que era la cuchara, fue fácil ir enseñándola, ahora ya es una campeona de la cuchara!!!!

 

No os preocupéis en pensar si lo que le llevéis le gustará o no. Les encanta TODO, a mí me parece que les deben de dar de comer todos los días y a todas horas lo mismo, y claro, todo lo que les llevamos son sabores nuevos. Ese segundo día ya me sonrió dos veces, y también lloró enérgicamente con el baño, yo estaba muy contenta. Parecía que Inés se hubiese despertado.

 

Al tercer día fuimos al Registro, la dejé un segundo en brazos de una de las guías para coger algo del bolso y lloró porque quería estar conmigo, pero lo mejor es que cuando lloraba decía: “mamá” .La foto de Inés Fu con su familia de acogida me la entregó el director del orfanato, junto con un montón de fotos del orfanato, de la ciudad de Ruijin y la comarca en un álbum, y me pidió que le escribiese de vez en cuando y le fuese mandando fotos de la niña, se veía interés por las dos niñas que venían de Ruijin, nos hicieron un montón de fotos a las dos madres de Jin Fu Xian (Sara Xian) y Jin Fu Xuan (Inés Fu). Además, al recibir yo la asignación envié una cámara de fotos desechable al director del orfanato y me hizo el carrete entero a la niña en el orfanato con sus papás de acogida, son unas fotos preciosas. No dejéis de hacerlo.

 

En Nanchang (capital de Jiangxi) estuvimos 5 días. En ese tiempo hicimos todo el papeleo de Registro, notario y pasaporte de las niñas. Además visitamos un museo de Historia muy bonito, con momia incluida, y el Orfanato de Nanchang.

 

La visita al orfanato fue algo triste, era duro ver las condiciones en las que viven los niños: las instalaciones son antiguas y pobres, hacía mucho frío, pero los niños estaban muy alegres de nuestra visita, la mayoría parecían disminuidos psíquicos y nos abrazaban y nos decían: “hello”. Subimos al segundo piso, allí había una planta de Neonatología, bebés intubados por bronquitis, dos incubadoras con bebés prematuros, algunos parecían sanos, y casi el 50% tenían labio leporino. Al abandonar el orfanato nos preguntó la guía que qué nos había parecido, nadie respondió. Entonces nos dijo que acabábamos de ver uno de los mejores orfanatos.

 

Al día siguiente volvimos al orfanato al llevar unos dólares de parte de Andeni Cantabria y Andeni Valencia. Es INCREIBLE la cantidad de cosas que se compraron con aquel dinero. En España con la misma cantidad no se hubiese podido comprar ni la mitad de la mitad.

 

En estos días en Nanchang, Inés Fu despertó completamente, se convirtió en una payasita, imitaba todo lo que yo hacía: pedorretas, sacar la lengua, balbucear, cerrar los ojos, dar palmas, dar besitos, decir adiós con la mano... Estaba feliz conmigo, cariñosa y muy enmadrada... imaginaros cómo estaba yo con ella.

 

Las niñas de nuestro grupo venían todas muy bien físicamente, casi todas eran menores del año. Por lo que yo vi, más que de la edad de los padres (en nuestro grupo había gente mayor y gente joven) depende del orfanato la edad de las niñas en la asignación. Cuando en Pekín nos juntamos con otro grupo de Andeni vimos que sus niñas ya andaban prácticamente todas, eran mayores que las nuestras, y sus padres algunos eran jóvenes y otros mayores.

 

La gente de Nanchang era encantadora, nos paraban continuamente por la calle. Creo que en principio les llamaba la atención las sillitas de paseo de las niñas, pero cuando nos paraban y veían que eran chinas, entonces nos hacían todo el interrogatorio. Daba igual que les dijeras que no entendías nada, ellos insistían, te hablaban más despacio, claro, que eso no servía de nada. Es curioso lo "descarados” (lo digo con todo el cariño) que son, te paran, tocan las niñas, las abrigan si se les ve un milímetro de piel, las destapan si empieza a hacer calor, ..Parece que nunca las llevas a su gusto. Sonríen, siempre sonríen, son gente buena.

 

Os recomiendo MUCHO que llevéis el plástico de las sillitas por la lluvia y/o por el frío, la sillita la podéis comprar allí, pero el plástico no. Un día al volver al hotel se puso a llover, la niña llevaba el plástico y yo capucha, pues me encontré con una chica que me quería acompañar al hotel con su paraguas, le dije que no que muchas gracias, me daba vergüenza, nada, no había nada que hacer, ella que si, y yo que no... Pues me acompañó al hotel tapándome con su paraguas, son gentes realmente encantadoras. En Nanchang nos dieron las gracias por llevarnos a las niñas más de una vez, se te ponía la carne de gallina.

 

En Pekín estuvimos 10 días, la temperatura rondaba los 0º, unos días 2 o 3 por encima y otros por debajo. Pero es un frío seco y poniéndose ropa encima se lleva bien. Lo malo es, algo que yo desconocía por completo y que me sorprendió, que al ser un frío seco, la gente y las cosas dan calambre!!!! Las guías nos explicaron que era debido al frío seco y a las fibras, no entiendo nada, por Dios que me lo expliquen. Al llegar al hotel el primer día me dio calambre el botón del ascensor y pensé que éste estaba mal, pero cuando al llegar a la habitación me dio otro la manilla de mi puerta empecé a preocuparme, y ya casi me desmayo cuando dentro de la habitación Inés me dio otro. A algunas personas este extraño fenómeno les ocurría más que a otras, y como no podía ser de otra forma, a mí era de las que más. Sobre una docena al día. Lo peor era cuando me encontraba a otro ser que acumulase electricidad estática al mismo nivel que yo, entonces hasta se oía el chasquido y no exagero nada.

Pekín es una ciudad preciosa, no me esperaba que fuera así de grandiosa. Si, sabía que iba a ver monumentos que me iban a dejar con la boca abierta (como la Cuidad Prohibida por ejemplo), pero lo que es la cuidad en sí... es una maravilla. En ningún lugar del mundo he visto edificios tan bonitos. Son altos, nuevos, lujosos, y nada sencillos, todos ellos tienen algo que los hace diferente. La cuidad de Pekín está cambiando a marchas forzadas, frente al hotel Beijin Oriental Culture Hotel, en el que estábamos, había una construcción, bien, pues trabajaban hasta de noche, toda la noche. Nos comentó Felisa, la guía, que en poco tiempo estaba irreconocible. Y lo que va a cambiar..., porque mires por donde mires, ves edificios en construcción.

 

Una de mis Grandes aventuras en Pekín fue la de subir a la Gran Muralla. La verdad es que yo ya iba con mucha ilusión, como con todos los monumentos que visitamos, pero a pesar de haber soñado ya con ellos, me sentí una pulga ante tanta maravilla. Bien, pues llegamos a la Gran Muralla, un frío espantoso y yo con Inés Fu en el saquito (o mochila o canguro, cada uno lo llama de una forma, no dejéis de llevarlo) Nos dicen las guías que a esta visita no nos acompañan, que nos esperan abajo (ahora lo entiendo), nos dicen que no subamos mucho y nos preguntan hasta dónde pensamos llegar, y yo muy decidida les digo que hasta donde pueda. Y así fue... Unos escalones altísimos, daba vértigo sólo de pensar en la bajada, yo iba que me asfixiaba... pero a pesar del esfuerzo que suponía, llegué hasta la segunda torre, y estoy orgullosísima. Ya os mandaré una foto donde veáis hasta dónde conseguí subir.

 

La gente en Pekín es tan agradable como en Nanchang, pero curiosamente se sorprenden más de ver occidentales con niñas chinas. Nos comentaron que el gobierno procura no informar al pueblo de que las niñas abandonadas van a adopción internacional porque se abandonarían más niñas!!!! Me solían preguntar si mi marido era chino, también preguntaban siempre si eran niños o niñas, y cuando les decíamos que eran todas niñas me daba la impresión de que entendían lo que ocurría. Una tarde, paseando por la calle peatonal (una calle preciosa, llena de preciosos edificios con luces de Navidad y de tiendas) nos encontramos con un grupo de universitarios y nos pusimos a charlar con ellos. Le pregunté a una chica qué cuántos hijos podían tener y me dijo lo que ya sabía, que uno por pareja, ella me preguntó que cuántos podíamos tener en España y yo le contesté que los que quisiéramos, pero lo que me llamó la atención es la sorpresa de ella al oírlo. Parece que estén cerrados al mundo fuera de China.

 

El hablar inglés parece que empieza a ser habitual en China, casi toda la gente joven se dirigía a nosotros en inglés, pero un día nos encontramos con una señora mayor, una señora como otra cualquiera que veías allí, sin aspecto de intelectual, que se dirigió a nosotros en un perfecto castellano, me contó que se alegraba de encontrarnos porque así podía practicar su español que aprendió en los años 60 en la Universidad, un encanto de señora. Pero os aseguro que con 4 palabras de chino te entiendes con ellos, son simpáticos y se esfuerzan en que les comprendas. Yo me lo pasaba bomba hablando con ellos en la calle.

 

Hace un mes que Inés y yo estamos juntas, no me lo puedo creer... ¡sólo un mes! Con todas las experiencias que ya hemos vivido en común. Ya no me imagino la vida sin ella. Es sorprendente que los sentimientos maternales sean exactamente los mismos que cuando tuve a sus dos hermanas mayores. Alguien en Pekín me preguntaba si no eran más profundos y felices con la adopción que con la maternidad biológica, supongo que cada uno vivirá las cosas de diferente manera. En mi caso es exactamente lo mismo, en todo, cuando me la pusieron en brazos, su primera sonrisa ..., y a diario desde la papilla de la mañana, pasando por cuando me llama "mamá", sus risas cuando la beso en el cuello, ... Todo me produce los mismos sentimientos de ternura que con sus hermanas, que a propósito, son un cielo, adoran a su hermanita, no hay nada de celos, hasta yo estoy sorprendida de la manera tan rápida y natural que han aceptado a su pequeña hermana

 

Inés es una pequeña brujita, os diré que lleva las últimas 4 noches durmiendo conmigo, pero qué haríais vosotros, quién soportaría oírla llorar, sabe que me tiene dominada, hace conmigo lo que quiere. Es curioso como en tan poco tiempo pueden aprender tanto. Tiene 11 meses, lleva en casa dos semanas y ya llama a su padre "papá". ¡Pero qué lista es mi niña...!

 

Estoy feliz de haber conocido el país de origen de mi hija, y sobre todo de lo que me ha gustado. Es un país mágico, tienen maravillas como la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla, el Palacio de Verano, el de Invierno, el Templo del Cielo,... , es todo increíble, es un país bellísimo. Estuvimos en el Templo Lamaísta, donde está el Buda de madera más grande del mundo entre otros muchos, y le recé con auténtica devoción repitiendo paso por paso el ritual que hacían los chinos para orarle..., nos perdimos por el barrio de las Antigüedades donde tomamos un café en una cafetería con más pinta de salita de estar, paseamos por Tiananmen nevado, aunque llegamos tarde a ver a Mao (cierran a las 11,30 de la mañana) ..., Inés Fu, has nacido en un país precioso, y yo te lo voy a contar, para que no lo olvides.

 

Pero lo mejor de China son sus gentes, son los que hacen que te sientas feliz allí, desde el momento en que llegas hasta que te vas. En el vuelo de Nanchang a Pekín ya íbamos con las niñas, cuando llegamos al control del escáner antes de embarcar cargados con equipaje de mano, chaquetones y niñas... nos mandaron descalzarnos para pasar los zapatos por el escáner, ya os podréis imaginar nuestras risas al ver que era casi imposible, pues los policías se agachaban con una sonrisa para desabrocharnos y abrocharnos las botas. Hay tantas anécdotas de lo encantadores, simpáticos, cariñosos,... que son los chinos. Allí te sientes como en casa.

 

La gente de mi grupo son maravillosos todos, seguro que no podría tener tan buenos recuerdos del viaje si no fuera por los compañeros. Un grupo de 23 familias, enorme!!, Pues todo salió estupendamente. Siempre os recordaré con cariño. Un 10 para la Agencia de la Mujer, que nos hizo la estancia en China facilísima, éramos como colegiales, que sólo teníamos que disfrutar y reírnos, no nos preocupábamos de nada. Gracias Felisa y Adela por todo. Y gracias CHINA por darme el mejor regalo que la vida puede dar: una hija. Te prometo volver.

 

Olga Blasco de la Fuente